
La microbiota oral: nuestra aliada oculta en la salud bucodental
14 de octubre de 2025
Desde el momento mismo de la concepción hasta que un niño cumple dos años, se abre una ventana única y crucial para su desarrollo físico, inmunitario y emocional. Esta etapa, conocida como los “primeros 1.000 días de vida”, es una fase de altísima importancia debido a todos los cambios que ocurren durante su desarrollo. Lo más interesante es que lo que ocurre en el intestino de un recién nacido puede marcar su salud durante toda la vida.
¿Por qué la microbiota intestinal es tan importante en los bebés?
La microbiota intestinal es el conjunto de microorganismos — bacterias, virus, hongos — que habitan en nuestro intestino, tiene un papel clave ya que regula la digestión, madura el sistema inmune, participa en la producción de metabolitos esenciales, influye en el metabolismo y hasta en la comunicación intestino-cerebro.
Durante los primeros 1.000 días, la microbiota del bebé pasa por un proceso de colonización — influenciado por factores como la dieta de la madre, el tipo de parto (vaginal o cesárea), la alimentación (lactancia materna o fórmula), el entorno, la exposición a antibióticos, entre otros.
Una colonización saludable, rica en bacterias beneficiosas como Bifidobacterium y Bacteroides, promueve una maduración adecuada del sistema inmunitario, ayuda a prevenir alergias, enfermedades inflamatorias, trastornos metabólicos y apoya un desarrollo neurológico óptimo. Investigaciones recientes señalan que la microbiota del intestino influye en el desarrollo del cerebro, comportamiento, temperamento y salud emocional del bebé, por ello, un buen comienzo microbiano puede favorecer un desarrollo psicológico más equilibrado.
Los primeros 1.000 días: una ventana de oportunidad de salud a largo plazo
Este “período de oportunidad” significa que una intervención temprana puede tener efectos duraderos: optimizar la microbiota desde el inicio puede reducir el riesgo de enfermedades crónicas, alergias, trastornos metabólicos, problemas digestivos, y favorecer un desarrollo saludable. Por ello algunos científicos describen esta etapa como el momento de la “programación” de sistemas fundamentales como el inmunológico, metabólico y neurológico.
En ese tiempo, se modula la microbiota intestinal del bebé que es todavía muy inestable. La alimentación (como la lactancia materna), la exposición a microorganismos del entorno (contacto con espacios verdes y animales de compañía), y prácticas sanas influyen decisivamente en la colonización y diversificación bacteriana.
Por el contrario, una “disbiosis” o desequilibrio en la composición microbiana en esta etapa crítica puede incrementar el riesgo de desarrollar enfermedades y por lo tanto pueden aparecer una serie de consecuencias que afectan tanto a corto como a largo plazo:
- Cólicos del lactante: pueden deberse a la inmadurez del sistema digestivo, a alteraciones en la microbiota intestinal que generan exceso de gas y una menor presencia de bacterias beneficiosas, a la ingesta de aire durante la lactancia, o a cierta sensibilidad alimentaria; provocando dolor, distensión abdominal y episodios de llanto inconsolable.
- Diarreas o estreñimiento: una flora desequilibrada afecta la motilidad intestinal y la integridad de la mucosa, favoreciendo episodios de diarrea, estreñimiento o alternancia entre ambos.
- Intolerancias y mala digestión: la microbiota intestinal participa en la digestión de nutrientes, por lo que la disbiosis puede dificultar su absorción y afectar al crecimiento del bebé.
- Mayor susceptibilidad a infecciones: tanto la disbiosis como un sistema inmune inmaduro aumentan el riesgo de infecciones gastrointestinales y respiratorias, al no poder competir con los patógenos.
- Mayor riesgo de alergias y atopias: sin una “educación inmunitaria” el sistema inmune tiende a reaccionar de forma exagerada o desregulada.
¿Qué puede hacer la suplementación con probióticos en este contexto?
Dado que la colonización natural puede verse alterada por cesáreas, uso de antibióticos, cambios en la alimentación o factores ambientales, los probióticos en esta etapa pueden ayudar a promover una microbiota sana, fortalecer el sistema inmune y favorecer el desarrollo saludable.
El uso de un probiótico para los cólicos del bebé es fundamental para reducir el llanto de los bebés y favorecer el descanso de los padres, ya que es uno de los problemas más frecuentes en los primeros meses.
Además, apoya la maduración del sistema inmunitario, reduciendo riesgo de alergias, intolerancias y sensibilidades digestivas.
También contribuye a disminuir los signos de la dermatitis atópica en bebés de riesgo o que ya presentan sensibilidad cutánea.
En definitiva, usar un probiótico para los cólicos del bebé, reforzar su sistema inmune o contribuir a su bienestar digestivo, inmunológico y emocional es crucial, especialmente en las primeras etapas de desarrollo.
Probactis Infantia®: todo comienza con la microbiota intestinal
Probactis Infantia® es nuestro probiótico especialmente formulado para bebés, concebido para acompañar ese periodo crucial de los primeros 1.000 días de vida.

A base de las dos cepas intestinales más ampliamente estudiadas en bebés y niños: Lactobacillus rhamnosus (LGG®) y Bifidobacterium lactis (BB-12®) que favorece el bienestar intestinal y la inmunidad desde el primer día de vida.
Cuidar el microbioma infantil es una inversión en salud a largo plazo. Los primeros 1000 días de vida representan una oportunidad única para influir positivamente en la inmunidad, el metabolismo y el bienestar emocional del niño. Así, Probactis Infantia® no es solo un producto: es una apuesta por un desarrollo saludable, integral y a largo plazo.
Referencias:
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Notarbartolo, V., Carta, M., Accomando, S., & Giuffrè, M. (2023). The first 1000 days of life: how changes in the microbiota can influence food allergy onset in children. Nutrients, 15(18), 4014. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/37764797/
Selma-Royo, M., Tarrazó, M., García-Mantrana, I., Gómez-Gallego, C., Salminen, S., & Collado, M. C. (2019). Shaping microbiota during the first 1000 days of life. Probiotics and Child Gastrointestinal Health: Advances in Microbiology, Infectious Diseases and Public Health Volume 10, 3-24. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30680645/
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